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IES MARTÍNEZ MONTAÑÉS

DUBIUM SAPIENTIAE INITIUM

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NOTICIAS DEL IMM


Álvaro Fernández Díaz obtiene un accésit en la Olimpiada de Química

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Álvaro Fernández Díaz ha conseguido un accesit en la XXIV Olimpiada de Química en su Fase Local (Sevilla).

Así mismo estos alumnos de nuestro instituto han quedado en el siguiente orden:
Adolfo Muñoz Jiménez 8
Andrés González Sánchez 17
José Miguel Riquelme Domínguez 20
Pablo José Gerlach Mena 26

 

También hay que felicitar a la Profesora Dª Rosario Muñoz Andrades por la gran labor realizada en la preparación de los alumnos que han participado en esta fase local de la Olimpiada.

 

EL BI aparece en la revista Diez Minutos

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diezminutos

 

Ir al enlace:   Vida práctica: Bachillerato Internacional - Revista Diez Minutos

 

Dos alumnos de nuestro instituto en la Fase Nacional de la Olimpiada de Física

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Carta recibida de la Universidad hispalense:

Con gran satisfacción le informo  que dos de sus alumnos han sido seleccionados para participar en la Fase Nacional de la Olimpiada de Física:
Andrés González Sánchez (primer clasificado)
Álvaro Fernández Díaz (segundo clasificado)
y otro ha quedado como suplente:
Pablo José Gerlach Mena (primer suplente)

También hay que felicitar al Profesor Dª Jesús Moreno por la gran labor realizada en la preparación de los alumnos que han participado en esta fase local de la Olimpiada.

 

¡Enhorabuena!
 

La Hispalense otorga el premio a la excelencia al IES Martínez Montañés

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El jueves, 28 de octubre, nuestro Director recogerá en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla el premio a la excelencia que la Hispalense ha otorgado al IES “Martínez Montañés”, Centro cuyos alumnos han obtenido la mejor calificación en la Prueba de Acceso a la Universidad 2010.

 

La escuela insumisa

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              • JUAN ANDIVIA GÓMEZ

Quienes pontifican sobre el desequilibrio de los valores de nuestra juventud tienden a responsabilizar a la educación de sus consecuencias. Las familias de cierta posición social e intelectual señalan al sistema, a las leyes educativas y al gobierno, una parte de la sociedad culpa, sobre todo, a las familias y otra imputa únicamente a la escuela. La conclusión es obvia, todos contribuimos en alguna medida a este desbarajuste.

Sin embargo, quienes asesinan, matan, delinquen y horrorizan con sus barbaridades tienen algo más en común en que no suele repararse: Son, o han sido, absentistas escolares, objetores, insumisos, alumnado problemático del que ya consta en sus expedientes alguna incidencia, algún altercado de la convivencia o algún dato relacionado con las conductas asociales. Sí, estoy afirmando que si se rastreara en el pasado, llamémosle académico, de esa juventud nos encontraríamos con datos reveladores; pero no lo contrario, es decir, que toda disrupción lleva a la delincuencia.

Las aulas están llenas de personas que serán magníficos o pésimos ingenieros, farmacéuticos, obreros de la construcción, e incluso políticos; pero, sobre todo, están llenas de buenas personas y de otras que no lo son ya en la más temprana edad. Sin duda, uno de los errores más recurrentes es continuar orientando la educación obligatoria sólo hacia la intelectualidad, marginando a quienes no se integran en el sistema de sacar buenas notas a través de la superación de los currículos oficiales. No obstante, la ley no dice eso.

Uno de los fines del sistema educativo español es, según la vigente Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación, la formación para la paz, el respeto a los derechos humanos, la vida en común, la cohesión social, la cooperación y solidaridad entre los pueblos así como la adquisición de valores que propicien el respeto hacia los seres vivos y el medio ambiente, en particular al valor de los espacios forestales y el desarrollo sostenible. Y hay once fines más en los que sólo dos están relacionados con las capacidades intelectuales. Así pues, algo se está haciendo mal, porque en la mayoría de los perfiles de los delincuentes sanos puede haber, y es lo que sostengo, un chico de catorce años que agredía a sus compañeras en los baños, que acosaba al diferente, que se enfrentaba y amenazaba a los profesores, que conducía temerariamente una moto o que, como uno de los imputados en el caso de Marta, iba cada día a su instituto en coche y sin carné.

Las salidas de muchos de nuestros centros escolares son un mosaico de comportamientos predictivos: Aparecen los que han hecho novillos a esperar a sus colegas, llega el macarra con el equipo de música a todo volumen a recoger a la menor de menor falda, a veces se trapichea, puede haber peleas. Obviamente, no ocurre en todos, pero sería bueno controlar los sitios en los que ocurre.

Ya hemos acordado que la familia es el pilar de la educación, que la desestructuración hace estragos, que la incorporación de la mujer al trabajo sin el reciclaje del varón también influye, que la Ley del Menor no ha tenido buenos frutos, que la sociedad ha perdido muchos de sus valores esenciales; pero ahora toca ver qué se puede hacer en cada parcela implicada en el problema.

Como decía al principio, la escuela es un estadio importantísimo. No creo que haya que criminalizar a los desfavorecidos emocionales sino que, al contrario, hay que dotar a estas instituciones de los recursos necesarios para afrontar un tipo de educación diferente. Una gran parte del profesorado, sobre todo de la Educación Secundaria Obligatoria, está compuesta por ciudadanos que superaron una carrera, un doctorado a veces y unas oposiciones en donde se les exigía sobre todo conocimientos y una ínfima parte de sus didácticas. Además, esta capacitación se orientaba a un público imaginario que quería aprender. Parece claro que no puede culparse a estos profesionales que, en muchos casos, opositaron a la docencia de un tramo de edad y unas características que ya no existen. Pero el problema está en los espacios en donde trabajan o desean trabajar.

Las administraciones se han percatado teóricamente de esta situación y, aunque legislan al respecto, los medios humanos y materiales de los que estamos hablando siguen sin llegar. En general, los institutos de nuestra comunidad siguen careciendo de los orientadores necesarios, especialistas en atención individualizada, personal para las recomendadas aulas de convivencia, profesorado de apoyo, flexibilidad horaria y organizativa, entre otras deficiencias que afectan no a la ciencia sino a la conciencia.

En este comienzo de curso y a pesar de que, con las prisas, muchas cosas ya se habrán hecho mal, sería necesario reconducir el problema que tantas veces se ha simplificado en el malestar de los profesores que no pueden enseñar a los buenos alumnos, en el malestar de los alumnos que son molestados por los compañeros que se aburren, en el malestar de las familias que exigen mayor eficiencia en cada caso, en el malestar de los disruptivos porque tienen derecho a hacer algo que les importe, el malestar de la sociedad que critica las leyes penales y educativas y el malestar de la administración educativa que intenta rentabilizar lo que se puede hacer.

Si todo el alumnado tiene el mismo derecho a la educación y ésta no se entiende únicamente como un conjunto de datos y conocimientos, demos la posibilidad de organizar los centros de manera que, siempre que se justifique -y si no, pídanse responsabilidades- se atiendan de idéntica manera a quienes desean aprender, a quienes pueden aprender y a quienes, por diversas razones, han optado por la insumisión académica. Los primeros con trabajo, los segundos con motivación extraordinaria y los terceros con aulas de apoyo, de convivencia, ocupacionales, programas de cualificación profesional, deporte y, a todos, con un triple mensaje de esfuerzo, respeto y responsabilidad de los actos, se tenga la edad que se tenga.

Quizá  si, como de verdad ocurre, ningún acto es gratuito, se premia la probidad y se persiguen los comportamientos asociales desde temprano; y en esto se implican Educación, Empleo y Formación, Salud, Deporte, Justicia y Servicios Sociales, en un futuro no muy lejano podamos conciliar seriamente la vida laboral y familiar y, sobre todo, trabajar desde nuestras responsabilidades particulares en la disminución de la violencia adolescente y adulta y en los objetivos generales de una sociedad que aspira a ser próspera no sólo en lo económico.

El Correo de Andalucía, 15/09/2009

 


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